Sobre mí
Mi camino no empezó con teorías, sino con una necesidad vital de sanar. Durante mucho tiempo, caminé con el peso de una adolescencia traumática y una herida profunda de rechazo. Aquella mochila, llena de memorias transgeneracionales, miedos y una angustia constante, me hacía sentir que «no era suficiente».
Pero fue precisamente ese caos el que me empujó a buscar respuestas. No sólo estudié; experimenté, integré y transformé cada sombra en una herramienta de luz.
Descubrí que la naturaleza y las flores, la belleza en todas sus formas, son mi refugio y el bálsamo para mi alma. Ellas me enseñaron a escuchar el silencio y encontrar el orden dentro de mi propio desorden.
Hoy, la paz que siento no es fruto del azar, sino de un compromiso diario con la presencia, la escucha del cuerpo y la gestión emocional.

